Las llaves del buzón

Me detuve durante un segundo que sentí eterno. A medida que mi mano se acercaba a la llave, tuve tiempo de imaginar las miles de historias posibles que se derivarían de un acto tan instintivo.

Cada día paso por delante de un buzón de correo. Ni lo he usado en años, ni he visto a nadie usándolo, así que ya no lo veo, forma parte de mi paisaje habitual. Lo que no es habitual es que tenga las llaves puestas.

Mi mirada se fijó en ellas, mi mano fue detrás y mi cerebro se dio a la invención de historias tergiversadas, moldeadas por mi imaginario. Para sanar mi excitación, incontenible ante la idea de una discreta incursión en la intimidad ajena, ideé al instante planes para devolver las llaves al señor cartero. Han pasado ya 2 días desde entonces, las llaves están en la gaveta de la mesilla de noche, y aquí, a palmo y medio de mi mano, me miran dos sobres blancos, cerrados, ambos con remites y destinatarios escritos a mano.

~ by dejardeimaginar on July 11, 2011.

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