No se pegan porque sí, lo sé

Solo he asistido a tres veladas de kickboxing en mi vida, la primera el 4 de noviembre pasado. Con esa escasa experiencia, tan solo registro una certeza: si no fuera por la cámara, si no acudiera con la intención de retratar a los que se pegan, jamás aguantaría un asalto. Los golpes que se dan y los hematomas que aparecen casi al instante, me arrastran a un estado de ansiedad que no soporto. Ya en alguna ocasión he optado por abandonar el recinto.

Alrededor de esa certeza merodean dos piezas que no logro encajar: pegan y reciben golpes sin piedad, la pelea es brutal, y sin embargo, no encuentro en ellos un resquicio de odio, de rabia, de indiferencia por el contrincante. Todo lo contrario. Les observo una y otra vez y, una y otra vez, me encuentro con deportistas nobles que aceptan las reglas sin aspavientos ni quejas malsonantes, que respetan al contrario con humildad, y que se muestran inusualmente afectuosos: hay besos y abrazos sinceros en el ring.

Violencia extrema y nobleza pura, dos piezas que en el kickboxing van juntas pero que yo, por más que les doy vueltas, no logro encajar. ¿Por qué se pegan para luego abrazarse? Que alguien me explique qué hay en este deporte que aún no logro entender.

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~ by dejardeimaginar on January 12, 2008.

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