El libro que vendrá

Imaginar el futuro no es tarea sencilla. Podemos pensar que ocurrirá esto y aquello, pero esto y aquello son ideas que parten de un esquema mental desarrollado para vivir entre lo que nos resulta familiar. Nuestos intentos cotidianos de adaptar lo que conocemos a lo que intuimos que vendrá nos lleva, en la mayoría de los casos, al rechazo. Y no es de extrañar, porque si cuando entornamos los ojos para mirar al futuro, en este caso del libro, nuestra miopía de la costumbre, solo nos deja ver un pdf en una pantalla de ordenador más o menos sofisticada, y a unos libreros sin estanterías, ¿quién estaría dispuesto a apostar por el libro digital?

Libreros, editores, distribuidores…, todo el mundo editorial, parece pelearse por los restos de un pastel que está a punto de caducar en lugar de contribuir a cocinar uno con ingredientes frescos. El modelo de negocio sin duda va a cambiar, y habrá dagnificados, pero eso ha ocurrido siempre a lo largo de la historia, y no va a dejar de ocurrir porque nos empeñemos en conservar lo que tenemos.

Solo unos pocos privilegiados son capaces de ver un paso más allá, de analizar a dónde podría llegar el desarrollo tecnológico actual e intuir los pasos a seguir para empezar a trazar el camino adecuado. Si hubiera por ahí un Vannevar Bush dispuesto a analizar el mundo del libro, yo le haría caso. Pero mientras ese visionario aparece, lo más razonable es comenzar a trazar puentes entre el medio impreso y el medio digital.

Entre tanto la tecnología sigue avanzando y, sin lugar a dudas, llegará el día en que casi sin darnos cuenta tengamos entre nuestras manos un dispositivo en el que leer un libro electrónico sea simplemente leer un libro, sin más adjetivos ni matices. ¿O es que no se han infiltrado en nuestra cultura los teléfonos móviles o los ordenadores portátiles? Seguro que los fabricantes y vendedores de máquinas de escribir en su momento vivieron su tragedia particular. ¿Y qué hicieron? Nos les quedó más opción que adaptarse.

Las máquinas de escribir ahora se venden en las tiendas de antigüedades. Eso nos da una pista de dónde podremos comprar libros encuadernados, tal y como hoy los concebimos, dentro de no tanto tiempo. Y cuidado con entender de mis palabras que el libro va a desaparecer. Yo solo me atrevo a afirmar que la relación entre los libros como objetos tangibles y las ideas contenidas en ellos, cambiará, dramaticamente para unos pocos y felizmente para todos.

~ by dejardeimaginar on May 20, 2007.

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