III Cruza Tenerife – Los locos del ultra fondo
Dos días he tardado en comenzar a asimilar las emociones vividas durante la celebración de la III Cruza Tenerife. 72 km de carrera con más de 2000 metros de desnivel: 6h29 tardó el primero en llegar, 15h11 el último.
Fue un día extremadamente intenso no solo porque con AD7 realizamos la cobertura fotográfica sino sobre todo porque, desde el momento en que vi aparecer por Izaña al primero de los corredores, me contagié del entusiasmo y de la fortaleza de los casi 250 locos que se atrevieron a retar de frente y sin complejos los límites de la condición humana. No es fácil entrever de donde nace la motivación de estas personas para aventurarse al esfuerzo físico y mental que entraña una prueba de ultra fondo.
A las 7 de la mañana, en el Puertito de Güimar, se da la salida y, en ese mismo instante, comienza la ascensión hasta los 2310 metros de la carretera del observatorio de Izaña. 2310 metros en 24,5 km. Los primeros apenas tardan dos hora y media. Los más rezagados agotan el tiempo límite, las dos de la tarde. Aún así, todos llegan con una sonrisa porque son conscientes de que en ese punto han terminado de subir. En adelante, casi 48 km de descenso para volver al nivel del mar.

Los 5.6 km por carretera hasta el avituallamiento sólido de El Portillo pasan rápido; hay familiares y amigos, turistas incluso, que se acercan a dar ánimos. A solo 2,5 km, por la carretera de la Orotava, comienza la pista de la Choza de Sventenius. De ahí hasta el siguiente avituallamiento en el Campamento de El Lagar, 15 km de bosque de pino canario pasando del azul intenso del cielo de la cumbre a la llovizna del mar de nubes. Ya en El Lagar, hay tiempo para comer, estirar las piernas y recomponer la mente y es que restan aún otros 15 km hasta la carretera Icod-San José de los Llanos desde la que se intuye a lo lejos Garachico y en la que, al paso, se oye más de un grito de “¡por fin!”.

Y, por fin en Garachico, muchas horas después, lo de menos es quien sube a lo alto del podio. Y es que, al pisar la línea de meta, todos sin excepción reciben, más allá de la medalla y del aplauso emocionado del público, el mayor de los premios posible: el orgullo y la satisfacción de haber ganado la lucha contra uno mismo; la difícil partida de la superación personal.

Prensa: González rompe el crono, Crece la Cruza Tenerife





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